La soledad del entrenador por Paco Cachinero

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Éstas son las fechas en que salvo la ilusión o el temor de jugar unos play-off, para unos antes y para otros después…la temporada termina.
El fin de la competición es el momento en el que algunos entrenadores disfrutarán de la inmensa alegría por el éxito obtenido. Otros en cambio tendrán que sortear la tremenda tristeza del objetivo no alcanzado.
Con el fin de la temporada llega para todos los entrenadores el momento de las reflexiones, de las dudas, del análisis, de las valoraciones, de la ilusión, de las alegrías, de la incertidumbre, de la confianza, de la sorpresa, de la decepción, del diálogo, del desencuentro.

Pensar en la temporada que termina es pensar en el trabajo que has realizado como entrenador, en el esfuerzo que has dedicado a diario, en todo aquello que hayas podido enseñar a tus jugadores, en los objetivos conseguidos, en la ilusión y en el compromiso del equipo, en las alegrías, en la satisfacción del trabajo bien hecho.
Pero reflexionar sobre la temporada también es pensar en los momentos difíciles, en los desencuentros vividos, en la incomprensión hacia el trabajo del entrenador, en la falta de entendimiento con quien sólo valora su interés personal, en la ausencia de apoyos para manejar egoísmos irrespetuosos, en la falta de organización para construir un proyecto de futuro, en la irresponsabilidad de quien decide la continuidad del entrenador desde la referencia de los jugadores, o en el enorme desgaste que produce las situaciones no comprendidas.

Pocos son los clubs hoy en día que ponen en manos del entrenador deseado un proyecto a varios años y apuestan en firme por cumplirlo. La mayoría planifican al día, valorándonos simplemente cuando conseguimos victorias, sin tener en cuenta los medios que ellos mismos nos han ofrecido para alcanzar los objetivos.
Lamentablemente se deciden continuidades o destituciones por un simple punto, o por el nivel de los silbidos de los seguidores, o incluso por las opiniones de los propios jugadores.
Puede parecer una incongruencia, pero la diferencia de un punto, la diferencia de ganar en lugar de empatar un partido de 30 disputados, cambian la valoración y la realidad de un entrenador

En el deporte de equipo, existe un entramado de relaciones entre entrenador, jugadores, aficionados y directivos. Un entramado difícil de tejer con solidez, porque es enrevesado y a veces surrealista hasta límites insospechados. Un entramado que de romperse, siempre lo hace por el mismo sitio, porque está basado en intereses comunes pero con orden de prioridad distintos. Porque ganar es común para todos, pero no todos saben anteponerlo a sus intereses personales.
Jamás lograré comprender como aquellos que deciden, pueden valorar el trabajo de un entrenador si no lo han compartido a diario, si no lo han asumido como propio, o ni tan siquiera se han preocupado por conocerlo.

El entrenador vive durante la temporada en la soledad de sus decisiones.
Decisiones que buscan obtener un resultado pero que no siempre satisfacen a todos.
Decisiones que seguramente serán cuestionadas si no han conseguido lo que se esperaba, siempre tras la comodidad que otorga conocer el desenlace.
Todos somos capaces de acertar un jeroglífico cuando hemos leído previamente la respuesta, pero tan sólo el entrenador asume la valentía de descifrarlo sin saber el resultado, porque tan sólo él está preparado para tomar decisiones…aunque sean en soledad.

+ de Paco Cachinero, Entrenador y Presidente de ANEFS

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